
"Me levanté. Me fuí a llorar al baño.
Volví enseguida. Afecté entonces una frialdad que respondía a la suya. Sus rasgos se habían endurecido. Como si tuviera que vengarse de su confesión.
Tuvo un arranque de apasionada aversión, un arranque que la cerraba.
- Si no hubiese estado enferma, no habría venido. Ahora estoy enferma: vamos a ser felices. Por fin estoy enferma.
En su furia contenida, una mueca la desfiguró.
Se volvió repulsiva. Comprendí que yo amaba en ella aquel violento movimiento. Lo que amaba en ella era su odio, amaba la imprevista fealdad, la fealdad monstruosa que el odio daba a sus rasgos".
Georges Bataille, El Azul del Cielo.

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