sábado, abril 21, 2012


 

¡Escucha la carne!
Gritos sostenidos en la sola noche humeante, alentaban, desde el pez.
¡Escucha la carne! Abierta la carne, entre las paredes, abierta, no puedes ver la carne y no hay fondo. Fondo de la separación, no hay fondo, no es por el fondo, en el fondo, es la carne, las paredes, sin las paredes, sin la carne, es la carne, es la carne,
¡Escucha la carne!
Sin fondo, sin posición, ¿por qué entre las paredes, si las paredes son la carne, en la carne, estoy en la carne, soy la carne…
La escucho…
Vómitos, espasmos, pesa la carne, hierve la carne, se enfría la carne, tiembla, duele, está ligera, se templa la carne… la oigo… La oigo desde ayer, oigo hoy su llanto de ayer, el que pesa ahora en la estupidez, la locura estúpida, el dolor deforme, informe, derramado, chorreando en el baño en la madrugada fría, temblorosa, en el fin, en la fractura del amor enfermo.
Sin culpa, la escucho y no hay término, un eco infinito de lesiones hechas a silencio por la casa.
La casa me robó la carne para levantarse carcomida por gusanos ácidos, siempre callados.
¿dónde se llevó los gritos?
No pude escuchar la carne… sólo cómo se perdía en sus vientres hambrientos, llenos de eructos, llenos de sangre, llenos de forma.
Hoy se aparece brillante en el baño húmedo.